En resumen 💡
- El cuerpo pierde calor por cuatro vías: radiación, convección, conducción y evaporación. En reposo y en un ambiente templado, la radiación es la que más influye.
- No, no pierdes el 40 % de tu calor por la cabeza. Esa cifra proviene de un experimento mal interpretado. El porcentaje real oscila entre el 7 % y el 10 %.
- El verdadero criterio es la superficie expuesta, no una zona concreta del cuerpo.
- Las manos y los pies son los primeros en enfriarse porque la circulación se concentra en el centro del cuerpo para protegerlo.
- Dos prioridades distintas: calentar el tronco mejora el confort general, mientras que calentar las manos preserva la destreza.
Un gorro sobre la mesa del recibidor. Dudas: solo hace 4 °C fuera y no vas a estar mucho rato fuera. Aun así, lo coges, porque te han repetido una y otra vez que se pierde la mayor parte del calor por la cabeza.
Este reflejo parte de una buena intención y de una información errónea. La cabeza no funciona como una chimenea, y creer lo contrario lleva a priorizar mal la ropa, a menudo en detrimento de las zonas que realmente se enfrían primero.
Aquí te explicamos por dónde se escapa realmente tu calor y en qué orden debes abrigarte.
Las cuatro vías por las que se escapa tu calor

Tu organismo produce calor constantemente, simplemente al funcionar. El mantenimiento de la temperatura corporal en torno a los 37 °C se debe a un equilibrio: lo que produces por un lado y lo que pierdes por el otro. Este equilibrio se denomina termorregulación, y el frío lo pone a prueba al acelerar el segundo término.
Esta pérdida se produce a través de cuatro mecanismos físicos distintos, y su distribución es muy desequilibrada: dos de ellos realizan la mayor parte del trabajo, mientras que los otros dos son marginales mientras las condiciones no cambien. Estos son los porcentajes, medidos en reposo y en un ambiente templado.
La radiación, con diferencia la principal fuente
Tu piel emite infrarrojos hacia todo lo que está más frío que ella, sin contacto y sin movimiento de aire. Es el mecanismo dominante: en reposo y en un ambiente templado, representa aproximadamente el 60 % de las pérdidas.
En concreto, una pared fría te enfría a distancia. Por eso se tiene más frío de espaldas a un gran ventanal que en medio de una sala, con la misma temperatura del aire.
La convección, la que el viento potencia
El aire que entra en contacto con tu piel se calienta y forma una fina capa protectora. La convección es la renovación de ese aire. Supone aproximadamente el 15 % de las pérdidas en reposo, pero esta proporción aumenta en cuanto el aire se mueve.
El viento arrastra la capa caliente continuamente, y tu cuerpo debe reconstituirla sin cesar. Este es el factor que transforma una temperatura soportable en un frío cortante, mucho más que el índice de humedad.
La conducción y la evaporación, las dos discretas
La conducción es la pérdida por contacto directo. En el aire, es marginal, del orden del 3 %. Pero cambia completamente de escala al entrar en contacto con un material frío o con el agua: sentarse sobre una piedra helada o llevar una prenda empapada hace que se dispare.
La evaporación, por su parte, representa aproximadamente entre un 20 % y un 25 % en reposo. Se trata del sudor que se evapora, además del vapor de agua exhalado. En invierno, se convierte en una trampa: el sudor producido durante la actividad física sigue enfriándote una vez que te detienes.
| Mecanismo | Parte en reposo, ambiente templado | Qué lo aumenta |
|---|---|---|
| Radiación | aproximadamente 60% | Paredes frías, cielo despejado por la noche |
| Evaporación | aproximadamente 20 a 25% | Transpiración, esfuerzo físico, aire muy seco |
| Convección | aproximadamente 15% | Viento, aire en movimiento |
| Conducción | aproximadamente 3% | Contacto con el suelo, el agua, el metal |
Lee también: ¿Por qué se nos enfrían los pies?
No, no pierdes el 40 % de tu calor por la cabeza
Es el mito más arraigado del invierno, y tiene un origen concreto.
¿De dónde viene esta cifra?
Se remonta a unos ensayos militares de la década de 1950. Los participantes llevaban un traje de supervivencia que cubría todo el cuerpo, excepto la cabeza. En esas condiciones, la cabeza se reveló, evidentemente, como la principal vía de pérdida de calor: era la única superficie descubierta.
La cifra se recogió posteriormente en un manual militar de la década de 1970 y se difundió como una verdad generalizada. Un artículo publicado por el British Medical Journal recordó que se basaba en una interpretación errónea del experimento.
La proporción real que representa la cabeza en un adulto oscila entre el 7 % y el 10 %, es decir, más o menos lo que representa su superficie.
El verdadero criterio: lo que está al descubierto
El principio es más sencillo que el mito al que sustituye: la pérdida se produce por la superficie expuesta. Ninguna zona tiene un estatus especial. Si todo está cubierto excepto una parte, es por ahí por donde se escapa el calor.
Esto sigue siendo muy útil en la práctica, ya que en invierno casi siempre hay dos zonas al descubierto: la cara y el cuello. Un collarín calefactor cubre precisamente esa superficie que queda al descubierto entre el cuello de la prenda y la barbilla, por donde se cuela el viento con cada movimiento.
De este principio se derivan directamente dos hábitos:
- Cerrar las aberturas antes de añadir una capa más: puños, parte baja de la espalda, cuello, tobillos
- Cubrir primero lo que está al descubierto, no lo que ya está cubierto con tres capas
¿Por qué se enfrían primero las manos y los pies?

Puedes tener el torso perfectamente caliente y los dedos inservibles. No es una contradicción, es una decisión de tu organismo.
La circulación se restringe para proteger el centro
En cuanto baja la temperatura exterior, los vasos sanguíneos que irrigan la piel y las extremidades se contraen. La circulación sanguínea se redirige hacia el corazón, los pulmones y el cerebro. Tu cuerpo sacrifica deliberadamente las extremidades para mantener estable su temperatura interna.
Se trata de una estrategia eficaz para el organismo, pero muy molesta para ti. De hecho, las manos y los pies acumulan tres desventajas:
- Son las partes más alejadas del centro, por lo que son las últimas en recibir sangre
- Tienen mucha superficie para poco volumen, lo que acelera la pérdida de calor
- Su temperatura cutánea desciende rápidamente, justo en el momento en que disminuye el riego sanguíneo
Por este motivo, los dedos de los pies, los dedos de las manos, la nariz y las orejas son las primeras zonas afectadas por las congelaciones. Y el fenómeno se autoalimenta: cuanto menos riego recibe una zona, más se enfría y más la considera el organismo como no prioritaria.
El escalofrío, una reserva que se agota
Ante el frío, el organismo dispone de un segundo recurso: el escalofrío. Temblamos porque el cerebro desencadena una reacción de contracción muscular rápida e involuntaria, cuyo único objetivo es producir calor. Esta producción puede multiplicarse por tres o por seis.
Este esfuerzo tiene un coste energético. Combatir el frío consume calorías adicionales, y eso explica el cansancio inusual tras una exposición prolongada: tu organismo ha gastado energía para mantener la temperatura corporal, además de todo lo demás.
Es eficaz, pero se trata de una reserva, no de un aporte continuo. El escalofrío agota las reservas de azúcar y cansa los músculos. Se agota al cabo de unas decenas de minutos o unas horas, dependiendo de la persona, su actividad y su alimentación. Cuando flaquea, la temperatura corporal empieza a bajar de verdad.
Ahí es donde una fuente de calor externa cambia las reglas del juego. Calentar el tronco relaja la constricción de los vasos sanguíneos y permite que la sangre vuelva a fluir hacia las extremidades: un chaleco calefactable deportivo para mujer actúa así sobre todo el cuerpo, y no solo donde calienta. Los demás modelos se encuentran en los chalecos calefactables.
Las zonas que hay que cubrir con prioridad
De todo lo anterior se deriva una jerarquía, y no es la que uno imagina.
La superposición de capas, el requisito previo
Antes de elegir dónde calentar, hay que saber lo que el aislamiento de la ropa puede y no puede hacer. Vestirse por capas no sirve para apilar tejido, sino para crear varios volúmenes de aire inmóviles, cada uno con una función.
- La capa en contacto con la piel evacua el sudor, no calienta
- La capa intermedia retiene el aire; es ella la que limita la pérdida de calor
- La capa exterior detiene el viento —y, por tanto, la convección— y el agua —y, por tanto, la conducción
Esta superposición actúa únicamente sobre lo que se pierde. No produce nada. Por eso alcanza su límite en cuanto disminuye la producción de calor, normalmente al estar en reposo.
A continuación, el tronco, para la comodidad general
Los estudios sobre el confort térmico coinciden: calentar el tronco mejora la sensación general de forma más notable que calentar únicamente las extremidades. La razón es lógica: la temperatura de la piel del tronco influye mucho en la percepción que tienes de tu estado térmico, y es ella la que controla la constricción de los vasos sanguíneos.
Además, es la superficie más extensa del cuerpo. En la práctica, es el primer lugar en el que conviene aplicar una capa aislante o una fuente de calor.
Las manos, a continuación, para la destreza
En cuanto a las manos, no se tratan por el confort, sino por la capacidad de realizar tareas. Los dedos fríos pierden precisión y fuerza de agarre, lo que se convierte en un verdadero problema en una obra, en moto o en la montaña.
Las investigaciones demuestran que el aporte de calor en las manos limita notablemente esta pérdida de destreza. Los guantes calefactables STREET satisfacen esta necesidad durante los desplazamientos y los tiempos de espera al aire libre. Toda la gama se encuentra en los guantes calefactables.
Los pies, la zona que se descubre demasiado tarde
Los pies plantean un problema específico: están encerrados, inmóviles, en contacto permanente con el suelo frío, y no te das cuenta de que se están enfriando. La pérdida de calor por conducción es continua.
Los calcetines calefactables Sport aportan calor sin añadir grosor, y eso es fundamental en este caso: un calzado demasiado ajustado obstaculiza la circulación y produce exactamente el efecto contrario al deseado. Los demás modelos se encuentran en los calcetines calefactables, y las plantillas calefactables tratan la misma zona desde abajo.
Para saber más: ¿Cómo funciona la termorregulación del cuerpo humano?
Lo que varía de una persona a otra

A igualdad de exposición, dos personas no pierden la misma cantidad de calor. Hay varios factores que influyen y que explican por qué una misma prenda le va bien a una persona y a otra no.
- La morfología: un cuerpo delgado ofrece más superficie en relación con su volumen, por lo que pierde calor proporcionalmente más rápido
- La edad: los lactantes y las personas mayores regulan peor su temperatura
- El estado de la circulación: el síndrome de Raynaud, en particular, provoca un cierre desproporcionado de los vasos sanguíneos de los dedos
- El nivel de actividad física: en reposo, la producción de calor disminuye y se rompe el equilibrio
- La fatiga y la alimentación: sin combustible disponible, el escalofrío se agota más rápido
- La hidratación: se bebe poco cuando hace frío, pero una hidratación insuficiente deteriora la circulación sanguínea y, por tanto, la resistencia al frío
- El alcohol: da una sensación de calor al dilatar los vasos sanguíneos de la piel, pero en realidad acelera la pérdida de calor
Estas diferencias también explican por qué algunas profesiones exigen un equipamiento específico: el trabajo al aire libre, los almacenes frigoríficos, la conducción o el entrenamiento deportivo son actividades que suponen una exposición prolongada sin permitir moverse lo suficiente para compensarla.
Cuando la pérdida supera a la producción
Mientras tu organismo produzca tanto como pierde, el equilibrio se mantiene. Cuando la pérdida prevalece de forma duradera, la temperatura corporal desciende y los síntomas aparecen en un orden bastante constante.
- Aparecen los escalofríos, acompañados de una sensación de frío intenso
- Las extremidades se enfrían, se entumecen y pierden precisión
- La coordinación se deteriora, los gestos sencillos se vuelven laboriosos
- Los escalofríos cesan, lo cual no es una buena señal, sino un indicio de agravamiento
Se habla de hipotermia leve cuando la temperatura central es inferior a 35 °C. Las congelaciones, por su parte, afectan primero a los dedos de las manos y los pies, la nariz y las orejas. Sus síntomas siguen una progresión reconocible: piel fría y pálida, hormigueo, entumecimiento y, posteriormente, dolor al calentarse.
Algunas profesiones combinan la exposición al frío y la inmovilidad, por lo que se concentran estas situaciones: personas expuestas en obras y carreteras, trabajadores de almacenes frigoríficos, conductores, servicios de emergencia y monitores deportivos. Para ellos, el equipamiento no es una comodidad, sino una condición laboral.
No te lo pierdas: ¿Por qué siempre tengo frío? ¡La guía para entrar en calor de una vez por todas!
La gente viene a preguntarnos cuál es la prenda más abrigada. La pregunta correcta es más bien: qué queda al descubierto y qué permanece inmóvil. En nuestras pruebas sobre el terreno, siempre es lo mismo lo que se enfría primero: las manos y los pies, y casi nunca lo que habíamos pensado en cubrir.
— Gwenaël Fournet, responsable técnico de G-Heat
¿Por qué elegir G-Heat?
G-Heat diseña equipos de regulación térmica desde 2017, a raíz del síndrome de Raynaud que padecía uno de sus fundadores. Este origen explica nuestra atención a las extremidades: son ellas las que limitan la actividad, mucho antes de que el resto del cuerpo tenga dificultades.
Cada prenda indica su zona de calentamiento, sus niveles de ajuste y su tipo de batería, para que la elección se base en criterios verificables. Nuestro objetivo es la continuidad de la actividad, poder permanecer al aire libre cuando el frío normalmente obliga a entrar en casa. Toda la gama se encuentra en la ropa calefactable, y los modelos que se llevan como capa exterior, en las chaquetas calefactables.
Conclusión
El cuerpo no pierde calor por una zona concreta. Lo pierde por lo que está expuesto, por lo que entra en contacto con el frío y por todo lo que el viento azota.
De ello se deriva directamente la jerarquía de equipamiento, que se articula en tres pasos. En primer lugar, cubre lo que está al descubierto: el cuello y la cara. A continuación, ocupa del tronco, que determina el confort general. Por último, equipa las manos y los pies, que son los primeros en fallar y de los que depende tu capacidad para seguir adelante.
Sea cual sea el tiempo. G-Heat, en cualquier condición meteorológica.
Preguntas frecuentes
¿Realmente se pierde el 40 % del calor por la cabeza?
No. Esa cifra proviene de ensayos militares en los que solo se dejaba al descubierto la cabeza, lo que sesgaba el resultado. La proporción real en un adulto oscila entre el 7 % y el 10 %, más o menos la superficie que representa la cabeza.
¿A través de qué mecanismo pierde el cuerpo la mayor parte del calor?
Por radiación, que representa aproximadamente el 60 % de las pérdidas en reposo en un ambiente templado. Le siguen la evaporación, la convección y, por último, la conducción, que es marginal en el aire pero muy importante en contacto con el agua o un suelo frío.
¿Por qué tengo frío en las manos aunque el cuerpo me dé calor?
Porque tu organismo restringe la circulación hacia las extremidades para proteger sus órganos vitales. Las manos reciben entonces menos sangre, a pesar de ofrecer una gran superficie de intercambio. Calentar el tronco suele ayudar a restablecer esta circulación.
¿Qué zona hay que abrigar primero?
Las partes descubiertas, generalmente el cuello y la cara. A continuación, el tronco, que es lo que más influye en la comodidad general. Por último, las manos y los pies, que son los primeros en enfriarse y condicionan la destreza.
¿Basta con el escalofrío para compensar el frío?
Solo durante un tiempo. Puede multiplicar la producción de calor entre tres y seis veces, pero consume las reservas de azúcar y cansa los músculos. Cuando se debilita, la temperatura corporal empieza a bajar.
¿Por qué es tan difícil mantener los pies calientes?
Están inmóviles, encerrados y en contacto permanente con el suelo, lo que favorece la pérdida de calor por conducción. Añadir un par de calcetines en un calzado ajustado agrava el problema al comprimir la circulación.
¿El alcohol realmente calienta?
Da una sensación de calor porque dilata los vasos sanguíneos de la piel. Pero esta dilatación aumenta la pérdida real de calor, lo que va exactamente en contra de lo que se necesita cuando hace frío.
Fuentes y referencias
[1] «El balance térmico del cuerpo humano», Éduscol, Ministerio de Educación Nacional
[2] «Exposición al frío: aspectos generales», Centro Canadiense de Higiene y Seguridad en el Trabajo
[3] «Trabajo en frío. Accidentes y efectos sobre la salud», INRS
[4] «Hipotermia», MSD Manuals
[5] «Mitos médicos festivos», British Medical Journal
[6] «Protegerse del frío», Vidal